GRACIAS POR TU COMPAÑIA.

Aquella mañana sali como de costumbre, Sali por la misma puerta, Camine por la misma calle, Salude a las mismas personas, Hice lo de siempre, Hice lo de costumbre.
Aquella mañana, tome el diario del puesto, Lo mire, pero no lo compre, Luego fui por el pan y alli te encontre, Todavia recuerdo ese vestido rosa que bailaba con el viento por encima de tus rodillas.
Te mire y no disimule, No pude evitar ver como el sol descubria tu cuerpo por debajo de tu vestido, corri detrás de ti, con la misma ansia con la que corre un niño al ver que su padre ha llegado.
No vacile en preguntar tu nombre, No obtuve respuesta y volvi y pregunte, Camine contigo cuatro esquinas , Sin obtener siquiera una sola palabra, Sin recibir un solo gesto de cortesia
Luego mis pasos se fueron acortando delante de los tuyos, Hasta que nos gano la distancia, Vi como te alejabas de mi sin siquiera voltear la mirada, Hasta que, detuviste tu andar, te volviste hacia mi con ese singular Movimiento de mujer y te escuche decir: “gracias por tu compañía”.
Desde entonces sigo saliendo por la misma puerta, Recorriendo la misma calle, Saludando a las mismas personas, Haciendo lo de siempre, Haciendo lo de costumbre.
Y hoy, despues de todos estos años, Y de haber compartido tanto juntos, Quiero decirte esposa mia: “gracias por tu compañía”.