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El drama de las desapariciones en República Dominicana: rostros, búsquedas y una espera que no termina

Publicadomartes, 1 de septiembre de 2026, 7:00 a. m.
El drama de las desapariciones en República Dominicana: rostros, búsquedas y una espera que no termina

Detrás de cada reporte de desaparición en la República Dominicana se esconde un drama humano desgarrador. Familias completas que ven paralizadas sus vidas mientras recorren destacamentos, morgues, hospitales y calles, aferradas a la esperanza de hallar a los suyos con vida. Aunque algunas investigaciones concluyen con rescates o esclarecimientos trágicos, otros expedientes permanecen abiertos, convirtiendo la incertidumbre en una herida abierta que trasciende los años.

Los primeros casos de una década marcada por la incertidumbre (2020-2021)

El año 2020 estuvo marcado por hechos que conmovieron al país. En mayo de ese año, el joven Anaurys Misael Castillo Lora, de 21 años, salió a trotar en Santo Domingo Este y jamás regresó. Meses después, en diciembre, Mahely Suriel desapareció tras asistir a un evento en Río San Juan, sumándose a las incógnitas sin respuesta. Ese mismo periodo fue testigo del doloroso desenlace de dos niñas: Yaneisy Rodríguez (5 años) y Liz María Sánchez (9 años), cuyos cuerpos fueron encontrados tras intensas búsquedas, culminando con el apresamiento de los responsables.

Para agosto de 2021, la consternación arropó a la clase artística tras la desaparición del actor Andy Iturbides, quien fue visto por última vez en la avenida 30 de Mayo de la capital. Pese a las intensas campañas en redes sociales y la movilización ciudadana, su rastro se desvaneció, convirtiéndose en uno de los casos más recordados.

2022 a 2024: Crímenes, angustia colectiva y reclamos de justicia

El 2022 trajo consigo la desaparición del estudiante universitario del INTEC Alexander Moisés Sang Díaz, visto por última vez en mayo en Santo Domingo. Ese año también enlutó a la sociedad con los hallazgos sin vida de Frederick Pérez Ventura y Natanael González, ambos víctimas de actos violentos tras ser reportados como desaparecidos, al igual que la alarma generada en San Juan por la adolescente Leanyi Vicente Sánchez.

En 2023, la atención pública se concentró en Daniela Pineda, joven de 26 años con 39 semanas de gestación que desapareció repentinamente, y en la tragedia del río Fula en Bonao, donde la crecida cobró la vida de varias personas, entre ellas Isauly Martínez, localizada días después.

El 2024 dejó marcas profundas con el caso de Paula Santana Escalante, de 23 años, cuyo cadáver fue encontrado con signos de violencia dentro de una alcantarilla en la zona franca donde laboraba en Santo Domingo Este. Ese mismo año, en La Vega, Gabriel Acosta (20 años) fue hallado muerto por heridas de bala en la vía Jarabacoa-Constanza, proceso que involucró la detención de un militar.

De la cobertura internacional a las búsquedas más recientes (2025-2026)

En marzo de 2025, el foco mediático se trasladó a Punta Cana con la desaparición de la estudiante de medicina estadounidense Sudiksha Konanki (20 años), un caso de alto perfil que requirió la intervención conjunta de autoridades dominicanas y agencias internacionales como el FBI. Durante ese año también se registró el caso de Luis Rafael Rosario Martich, localizado sin vida en El Higüero.

Entre finales de 2025 y el transcurso de 2026, la pequeña Brianna Genao Rosario, de apenas tres años, movilizó a unidades caninas, drones y equipos especializados en Puerto Plata tras esfumarse sin dejar rastro el 31 de diciembre. A este clamor se sumó recientemente la desaparición en el mar de los pescadores montecristeños Delson López y José Dionicio Cabrera Ventura («Piyayo»), quienes salieron a faenar desde Buen Hombre y todavía no han regresado.

Estos casos recuerdan la necesidad de fortalecer los protocolos de búsqueda, respuesta inmediata y seguimiento forense en el país, donde cientos de familias continúan esperando respuestas definitivas para cerrar sus duelos.