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Vivir a oscuras: la asfixiante rutina de los cubanos frente a los apagones masivos y el colapso de los servicios

Publicadomiércoles, 2 de septiembre de 2026, 10:45 a. m.
Vivir a oscuras: la asfixiante rutina de los cubanos frente a los apagones masivos y el colapso de los servicios

Para un joven profesional en cualquier capital del mundo, la rutina diaria suele dividirse entre el trabajo, el transporte y los momentos de recreación. Sin embargo, en La Habana, la peor crisis energética de las últimas décadas ha reconfigurado por completo la vida de sus habitantes, obligándolos a planificar cada hora del día en función de si hay o no suministro eléctrico.

El Sistema Eléctrico Nacional, administrado por la estatal Unión Eléctrica, ha sufrido múltiples colapsos generales en lo que va de año. La falta crónica de inversión, el deterioro de una infraestructura termoeléctrica obsoleta y la aguda escasez de combustible —agravada por tensiones geopolíticas y el cese de envíos internacionales de crudo— mantienen a la isla sumida en apagones que superan rutinariamente las 16 horas al día. Para la población, los periodos con luz eléctrica se han convertido en breves excepciones dentro de una prolongada penumbra.

La odisea del transporte y la parálisis urbana

Moverse por la capital cubana se ha tornado en un desafío descomunal. El sistema de autobuses urbanos está prácticamente inoperante por la falta de carburante, dejando a los ciudadanos a merced de alternativas costosas como las llamadas «piqueras» —automóviles privados adaptados para transportar pasajeros— cuyas tarifas pueden consumir una cuarta parte del salario mensual en apenas un puñado de viajes. El autostop, conocido popularmente en la isla como «coger botella», y las extenuantes caminatas bajo el sol se han transformado en la única alternativa viable para acudir a los centros de trabajo.

Esta crisis de combustible no solo impacta la movilidad de las personas. La recolección de desechos sólidos ha colapsado en casi toda la ciudad, acumulando vertederos en esquinas completas que los propios vecinos queman para evitar plagas, desatando incendios accidentales en edificaciones y agravando los problemas sanitarios tras recientes epidemias virales.

Sin electricidad tampoco hay agua

El impacto de los cortes eléctricos golpea el interior de los hogares de forma encadenada. Al no haber energía eléctrica en las plantas de bombeo, el suministro de agua por tuberías deja de funcionar durante semanas. Las familias deben almacenar agua en depósitos y tanques improvisados cada vez que el servicio regresa por unas horas, racionando cada gota para cocinar y asearse.

Asimismo, conservar alimentos refrigerados representa una constante zozobra. La incertidumbre sobre cuándo regresará la corriente obliga a alterar los hábitos domésticos, aprovechando la madrugada para lavar ropa o realizar tareas básicas si el servicio se restablece intempestivamente.

El desgaste anímico y la inseguridad

Más allá del deterioro material, la crisis ha calado hondo en la salud mental y la seguridad ciudadana. Calles enteras sumidas en la oscuridad han propiciado un incremento en los hechos delictivos, rompiendo la histórica percepción de tranquilidad nocturna en las urbes cubanas.

A pesar del desasosiego, sectores jóvenes y profesionales continúan aferrándose a sus proyectos personales y profesionales, adaptando sus metas a las limitaciones del entorno. No obstante, el sentir generalizado evidencia un agotamiento colectivo: la resiliencia tradicional da paso a una creciente frustración ante una emergencia que no da señales de tregua.