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Uruguay frente al espejo de la salud mental: las claves detrás de la tasa de suicidios más alarmante de la región

Publicadojueves, 10 de septiembre de 2026, 6:45 a. m.
Uruguay frente al espejo de la salud mental: las claves detrás de la tasa de suicidios más alarmante de la región

A sus 18 años, Yamila Durán ha encontrado en el maquillaje artístico una vía para exteriorizar lo que las palabras a veces no alcanzan a describir. Cuando su estado de ánimo decae, opta por un discreto trazo negro; en sus jornadas más luminosas, viste su rostro de verde, lila y amarillo. Esta joven uruguaya forma parte de "Ni Silencio Ni Tabú", un programa articulado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJU), el Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef. Tras dos años fuera del sistema educativo y sumida en un aislamiento que llegó a rozar ideas autodestructivas, la intervención comunitaria le devolvió el rumbo.

El caso de Yamila ilustra una realidad desgarradora: Uruguay ostenta la tasa de suicidios más alta de América Latina, situándose en 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes. En todo el continente americano, el país sudamericano solo es superado por Guyana y Surinam, duplicando con creces la media regional de 9,2 por 100.000 establecida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Un perfil demográfico dispar

Durante 2025, el país contabilizó 668 fallecimientos por esta causa, de los cuales el 79% correspondió a hombres y el 21% a mujeres. Sin embargo, la distribución del impacto presenta marcadas diferencias generacionales: mientras que los adultos mayores de 80 años registran los índices más altos de muertes efectivas, los intentos de autoeliminación se concentran predominantemente en adolescentes y mujeres jóvenes de entre 15 y 19 años.

La ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, ha enfatizado además la preocupación del Estado por el segmento infantil de 10 a 14 años, recordando que detrás de las cifras yacen proyectos de vida truncados y comunidades enteras devastadas por el duelo.

Las raíces estructurales de la problemática

Diversos especialistas coinciden en que no existe un único detonante, sino un entramado de factores sociales, económicos e institucionales que explican este fenómeno:

  • La epidemia de la soledad: De acuerdo con estimaciones oficiales, cerca del 24% de la población uruguaya experimenta altos niveles de soledad. Para analistas como Carmen Rodríguez y Johana Lecuna, de la Universidad de la República, la dinámica contemporánea orientada al éxito individual y la hiperconexión digital ha debilitado el sentido de pertenencia y las redes de apoyo efectivas.
  • El peso del silencio y la estigmatización: Entre 2012 y 2019, el suicidio se consolidó como la principal causa de muerte violenta en el territorio uruguayo, superando tanto a los homicidios como a los siniestros viales. Pese a esta magnitud, el tema aún convive con barreras culturales que inhiben a las personas a comunicar su sufrimiento en el entorno familiar.
  • Brechas en la atención especializada: Aunque la salud mental está contemplada en el sistema público, persisten marcadas desigualdades geográficas. En urbes como Las Piedras, apenas opera un único psiquiatra en el sector público. Eugenia Godoy, directora del INJU, subraya que la descentralización de recursos hacia el interior del país es uno de los mayores desafíos actuales.
  • Vulnerabilidad socioeconómica y violencia: Laura Llambí, directora general de salud del MSP, advierte que las situaciones de violencia intrafamiliar y la pobreza aumentan drásticamente el riesgo de trastornos severos. Según datos de Unicef, el 30% de las jóvenes uruguayas afirma haber padecido situaciones de abuso sexual en su niñez o adolescencia, un trauma que eleva la propensión a conductas autolesivas.
  • Falta de horizontes: En una nación de apenas 3,4 millones de habitantes con un ritmo demográfico envejecido, la incertidumbre sobre el empleo, la vivienda digna y la independencia económica alimenta una sensación recurrente de estancamiento.

Iniciativas de base como los talleres expresivos y las redes de escucha temprana demuestran que derribar el tabú salva vidas. Tras reconstruir sus lazos sociales, Yamila no solo retomó la escuela secundaria, sino que proyecta su vocación hacia el futuro: sueña con estudiar psicología para ofrecer a otros el mismo respaldo que a ella le devolvió la esperanza.