Tensión nuclear: Irán acelera la fortificación de su base subterránea en Pickaxe mientras Washington evalúa opciones militares

Las alarmas de seguridad internacional se intensifican en Medio Oriente tras detectarse un notable incremento en los trabajos de construcción y blindaje en la presunta instalación nuclear subterránea de Pickaxe Mountain (montaña Kolang). Este enclave, situado a unos 225 kilómetros al sur de Teherán y en las proximidades del complejo de Natanz, se ha transformado en el foco de atención táctica debido a su diseño excavado bajo densas capas de granito, concebido presuntamente para proteger activos estratégicos de cualquier incursión aérea convencional.
Un refugio blindado bajo la montaña
El análisis de imágenes satelitales recopiladas a lo largo de varios años evidencia que el proyecto ha pasado de una etapa de excavación masiva a labores de consolidación interna y protección estructural. Investigadores del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) señalan que durante este año se ha registrado un auge sin precedentes en la actividad vial, el nivelado de terreno y el reforzamiento de los portales que dan acceso a los túneles subterráneos.
La inteligencia internacional evalúa que las galerías de la montaña Kolang podrían destinarse al ensamblaje de centrifugadoras de última generación, al enriquecimiento de uranio o a procesos metalúrgicos asociados al programa nuclear iraní. Frente a estos movimientos, el presidente Donald Trump lanzó una advertencia directa, señalando que Washington mantiene bajo estricto seguimiento a todo el personal que opera en el perímetro y deslizó que un ataque militar contra Pickaxe podría materializarse «muy pronto».
El reto de penetrar el granito y las maniobras en White Sands
El desafío para las fuerzas estadounidenses radica en la geología del objetivo. La dureza del granito reduce drásticamente la efectividad de las armas antibúnker actuales, incluyendo el penetrador de artillería de gran calibre (MOP, por sus siglas en inglés), el cual difícilmente lograría destruir instalaciones excavadas a semejante profundidad, más allá de sellar sus accesos exteriores.
Para contrarrestar esta vulnerabilidad táctica, el Departamento de Defensa de EE. UU. ha movilizado recursos extraordinarios. Mediante la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA), se aprobó un contrato de emergencia valorado en 1,2 millones de dólares para adecuar una instalación subterránea de pruebas en el campo de misiles de White Sands, en Nuevo México. Los trabajos, enfocados en evaluar impactos balísticos reales en formaciones de roca dura equivalentes a las de Kolang, reflejan el apuro por validar capacidades clasificadas y desarrollar una bomba penetradora de próxima generación.
Aunque los informes técnicos advierten que la planta de Pickaxe todavía requiere tiempo para completar su acondicionamiento y estar totalmente operativa para labores de enriquecimiento, la carrera entre el blindaje subterráneo iraní y el desarrollo de municiones de máxima penetración en Estados Unidos mantiene al conflicto en un punto de máxima tensión estratégica.