Tensión en el sur del Líbano: Israel afianza su ocupación militar y multiplica demoliciones pese al alto el fuego

El panorama a lo largo de la costa mediterránea en el sur del Líbano es desolador. Entre sembradíos abandonados y estructuras residenciales convertidas en escombros por la aviación, el control militar israelí se consolida en una franja fronteriza que ya abarca cerca del 5% del territorio libanés, adentrándose hasta 10 kilómetros en algunos sectores estratégicos. Aunque en junio pasado se anunció un alto el fuego respaldado por mediadores internacionales, la realidad sobre el terreno apunta a un atrincheramiento permanente.
En un recorrido junto a convoyes de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL), encargados de escoltar a civiles entre poblados cristianos aislados, se hace evidente la transformación física de la zona: caminos de servicio recién abiertos, puestos de avanzada protegidos con redes antidrones y una constante vigilancia aérea. De acuerdo con datos de la misión de la ONU, el ejército israelí ha levantado cuatro nuevas bases en áreas invadidas, elevando a nueve sus posiciones fortificadas dentro del país vecino.
Preparativos para una estancia prolongada
Las declaraciones de las autoridades israelíes refuerzan los temores de una ocupación indefinida. El ministro de Defensa, Israel Katz, ordenó recientemente a sus tropas prepararse para una permanencia de largo plazo, justificando la maniobra bajo la necesidad de establecer una "zona de seguridad" que proteja el norte de Israel de eventuales ataques de Hezbolá. No obstante, organismos internacionales y defensores de derechos humanos han denunciado que la demolición sistemática de viviendas e infraestructura civil en estas aldeas podría constituir crímenes de guerra, impidiendo el retorno de cientos de miles de desplazados libaneses.
Frente a estos señalamientos, las fuerzas armadas israelíes sostienen que los inmuebles intervenidos eran utilizados con fines bélicos por la milicia chiita. En contraste, fuentes de inteligencia libanesa contabilizan más de 5,000 violaciones al acuerdo de cese al fuego por parte de Israel desde su firma, incluyendo bombardeos e incursiones terrestres más allá de la demarcación conocida como la Línea Amarilla.
Un estancamiento diplomático sin salida a la vista
El plan de desescalada auspiciado por Estados Unidos —que contemplaba la retirada israelí condicionada al despliegue del ejército libanés y la verificación del desarme de Hezbolá en zonas piloto— se encuentra completamente paralizado. El liderazgo de Hezbolá, encabezado por Naim Qassem, ha rechazado tajantemente cualquier diálogo sobre su arsenal bélico antes de una salida total e incondicional de las tropas invasoras, calificando las exigencias de "rendición humillante".
Con las autoridades libanesas reacias a confrontar internamente a la milicia y un calendario político israelí marcado por procesos electorales, diplomáticos internacionales temen que el sur libanés replique el escenario de Gaza: una ocupación atrincherada, aldeas borradas del mapa y un conflicto enquistado sin horizonte de solución pacífica inmediata.