Pugna interna en Teherán: la división política que condiciona el desenlace del conflicto con EE. UU.

Tras meses de desgaste bélico y un asfixiante cerco económico, la cúpula de poder en Irán se encuentra profundamente fracturada sobre el camino a seguir frente a Washington. La República Islámica revive los dilemas estratégicos de su historia moderna: decidir entre pactar una salida negociada que frene el colapso financiero o apostar por una prolongada guerra de resistencia.
Dos visiones enfrentadas por el destino de Irán
Por un lado, el bloque pragmático liderado por el presidente Masoud Pezeshkian, acompañado por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi, sostiene que el país debe capitalizar el momento actual para negociar desde una postura digna. Los moderados advierten que la infraestructura nacional y las finanzas públicas no soportarán un bloqueo naval prolongado sin un acuerdo que rompa el aislamiento internacional.
En la acera contraria se sitúan los sectores más conservadores e intransigentes del régimen, quienes consideran cualquier acercamiento con Donald Trump como una trampa fatal. Respaldados por el aparato militar y figuras parlamentarias como Mohammad-Manan Raisi y Kamran Ghazanfari, estos líderes acusan al gobierno de exagerar la crisis interna y recuerdan el colapso de pactos anteriores, apostando al desgaste prolongado de Estados Unidos mediante el uso de drones, misiles y milicias regionales.
La sombra del liderazgo y la incertidumbre exterior
Mientras tanto, la máxima autoridad religiosa, el Líder Supremo Mojtaba Jamenei, ha optado por mantener un perfil reservado para no comprometer su legitimidad en un escenario tan volátil. Por su parte, la retórica cambiante y errática de Washington continúa alimentando las sospechas del ala dura iraní, que ve en la diplomacia una antesala para nuevas acciones militares y empuja a Teherán a mantenerse firme en una guerra sin final claro a la vista.