Por qué Marta Luisa de Noruega, la primogénita casada con un chamán, no pudo acceder al trono

Tras el fallecimiento del rey Harald V, la monarquía de Noruega abrió un nuevo capítulo con la proclamación de su hijo como el rey Haakon VIII bajo el tradicional lema dinástico "Todo por Noruega". Sin embargo, la atención internacional también se ha volcado sobre la primogénita de la corona, la princesa Marta Luisa, quien pese a ser dos años mayor que su hermano, nunca estuvo en posición de heredar el reinado.
Las leyes de sucesión y el cambio que no llegó a tiempo
El impedimento para que Marta Luisa accediera a la jefatura de Estado radica en el marco legal vigente al momento de su nacimiento en 1971. En aquel entonces, la Constitución noruega establecía la ley sálica o preferencia masculina estricta, otorgando prioridad sucesoria a los varones sobre las mujeres sin importar el orden de nacimiento. Aunque la Carta Magna fue enmendada en 1990 para establecer la primogenitura absoluta, la reforma no se aplicó de forma retroactiva, garantizando que el trono pasara directamente a Haakon y, en el futuro, a su hija la princesa Ingrid Alexandra, quien se perfila como la primera reina titular de Noruega desde el siglo XV.
Renuncia a deberes oficiales y vida alternativa
Al margen del orden constitucional, Marta Luisa de 54 años ha protagonizado una trayectoria distante de las formalidades de palacio. En 2022, la princesa optó por renunciar a sus funciones oficiales para dedicarse a sus emprendimientos personales vinculados a la espiritualidad y la medicina alternativa, ámbitos en los que ha asegurado poseer habilidades de clarividencia y comunicación con ángeles, lo que le valió reiterados cuestionamientos por parte de la opinión pública noruega.
La controversial unión con Durek Verrett
La controversia alcanzó su punto máximo con su relación y posterior matrimonio en agosto de 2024 con el estadounidense Durek Verrett, un autodenominado chamán. Verrett ha generado rechazo en diversos sectores del país nórdico por promover posturas pseudocientíficas y teorías de conspiración desprovistas de base médica. Esta serie de escándalos redujo significativamente la aceptación popular de la princesa, consolidando la separación definitiva entre su vida privada y el rol representativo de la corona noruega.