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Las sombras de Moscú en América Latina: El misterio del centenario programa de espías 'ilegales'

Publicadodomingo, 6 de septiembre de 2026, 12:45 a. m.
Las sombras de Moscú en América Latina: El misterio del centenario programa de espías 'ilegales'

Durante más de un siglo, el espionaje ruso ha perfeccionado un método operativo único y paciente: el programa de agentes conocidos como 'los ilegales'. A diferencia de los espías tradicionales que operan al amparo de la inmunidad diplomática en embajadas, estos hombres y mujeres son enviados al extranjero despojados de cualquier nexo visible con su país de origen. Adoptan nacionalidades ajenas, construyen carreras profesionales cotidianas y forman familias que desconocen por completo su verdadera misión, convirtiéndose en espías durmientes preparados para actuar en momentos de crisis geopolítica.

Esta metodología, nacida en la clandestinidad bolchevique previa a la fundación de la Unión Soviética, evolucionó a lo largo del siglo XX hasta convertirse en la joya de la corona de la inteligencia soviética. Si bien la trama parece extraída de producciones televisivas como The Americans —inspirada en la sonada detención de 2010 de los agentes encubiertos Andrey Bezrukov y Elena Vavilova—, su impacto histórico ha sido determinante y cuenta con un vínculo histórico indiscutible con América Latina.

Un embajador falso en el corazón de Europa

Uno de los episodios más insólitos de esta red tuvo lugar a mediados del siglo pasado con el agente soviético de origen lituano Iósif Grigulévich. Tras haber participado en la fallida primera tentativa de asesinato contra León Trotski en la Ciudad de México y luego de vivir en Argentina, Grigulévich adoptó la identidad de Teodoro Castro, un supuesto ciudadano costarricense.

Con un carisma excepcional y valiéndose de su perfecta cobertura, Grigulévich logró establecerse en Roma, donde no solo se vinculó con la élite diplomática, sino que llegó a ser nombrado formalmente embajador de Costa Rica en Italia y ante la Santa Sede. Respaldado en su momento por figuras políticas costarricenses de la época, estuvo a punto de ser utilizado por Iósif Stalin para asesinar al mariscal yugoslavo Josip Broz Tito, plan que solo se truncó con la repentina muerte del líder soviético en 1953. Tras cuatro años ejerciendo la diplomacia internacional bajo bandera centroamericana, Grigulévich desapareció sin dejar rastro para reintegrarse a la vida académica en Moscú.

¿Por qué América Latina sigue siendo el blanco perfecto?

La disolución de la Unión Soviética en 1991 debilitó temporalmente esta estructura, pero la llegada de Vladimir Putin al poder a principios del presente siglo trajo consigo la reactivación financiera y operativa del programa. Las capturas más recientes de espías rusos en distintas partes del mundo —incluyendo operativos en Eslovenia y detenciones en Norteamérica— revelan que el Kremlin continúa recurriendo con insistencia a identidades de países como Brasil, Argentina y Perú.

Existen razones estratégicas claras para este enfoque regional:

  • Diversidad poblacional: En América Latina convergen rasgos étnicos y culturales diversos, lo que permite que un ciudadano de origen eslavo pueda pasar desapercibido sin levantar sospechas inmediatas sobre su apariencia física.
  • Brechas en los registros civiles: La persistencia de archivos de nacimiento analógicos o procesos de digitalización fragmentados facilita la suplantación o creación de identidades de niños fallecidos décadas atrás.
  • Capacidad de inserción: Un pasaporte de la región facilita el tránsito global y la residencia en Estados Unidos o Europa sin las restricciones diplomáticas y migratorias que hoy pesan sobre los ciudadanos rusos tras el conflicto en Ucrania.

El choque del espionaje clásico contra la inteligencia artificial

A pesar de la tenacidad de Moscú por mantener viva esta mística, el entorno operativo actual representa su mayor amenaza. En un mundo donde el control fronterizo exige datos biométricos, escaneo de iris y trazabilidad digital absoluta, la invención de múltiples identidades ficticias es una práctica inviable. Por ello, la creación de una sola identidad auténtica y blindada resulta más costosa, requiriendo hasta una década de preparación por operativo.

Asimismo, el uso de herramientas analíticas de inteligencia artificial y cruces masivos de bases de datos por parte de las agencias de contrainteligencia occidentales ha comenzado a revelar inconsistencias que antes pasaban desapercibidas. Pese a estos riesgos, para el liderazgo en Moscú, fuertemente arraigado en la doctrina del KGB, los 'ilegales' siguen siendo un símbolo innegociable de orgullo estatal y una herramienta clave en su pulso geopolítico con el mundo.