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Las huellas del desgaste: el portaviones USS Abraham Lincoln llega a Tailandia cubierto de óxido tras nueve meses en alta mar

Publicadojueves, 3 de septiembre de 2026, 6:45 a. m.
Las huellas del desgaste: el portaviones USS Abraham Lincoln llega a Tailandia cubierto de óxido tras nueve meses en alta mar

Una llegada marcada por el deterioro visible

El atraque del portaviones USS Abraham Lincoln en el puerto de Laem Chabang, al sur de Bangkok, generó asombro entre analistas y observadores marítimos. La imponente nave de guerra, perteneciente a la clase Nimitz y con casi 335 metros de eslora, mostró una estampa inusual: una densa capa de óxido cubría el casco de proa a popa a lo largo de su línea de flotación, testimonio visible del desgaste provocado por 286 días ininterrumpidos en altamar.

El buque zarpó en noviembre pasado desde su base naval en San Diego y completó una extenuante travesía operativa que incluyó meses de patrullaje táctico y operaciones de disuasión frente a Irán en aguas de Medio Oriente.

La batalla técnica contra la corrosión marina

Especialistas navales explican que este nivel de deterioro es previsible cuando una embarcación supera los dos meses continuos en aguas saladas de alta exigencia. El excapitán de la Armada estadounidense, Carl Schuster, veterano con amplia experiencia en portaviones de esta categoría, detalló que intervenir el casco mientras se ejecutan misiones de combate resulta inviable logísticamente.

De acuerdo con Schuster, reparar el casco exige condiciones que solo se dan con la nave completamente detenida:

  • Descenso de personal especializado hasta la misma línea de flotación.
  • Lijado exhaustivo del metal corroído.
  • Aplicación de dos capas de imprimación anticorrosiva, seguidas de dos capas finales de pintura gris naval.

Se estima que una restauración completa de esta superficie requeriría cerca de 30 días de trabajos intensivos de astillero. Durante su escala de una semana en Tailandia, las cuadrillas se concentrarán únicamente en la proa y secciones delanteras críticas para evitar que el óxido debilite estructuras esenciales como cubiertas, pasarelas o barandillas de seguridad.

Fatiga operativa y presiones en Washington

La travesía del Lincoln no solo ha dejado secuelas en el acero de la nave, sino también en el componente humano. El despliegue extraordinariamente prolongado vino acompañado de reportes sobre problemas de moral entre los marineros, escasez de suministros e incluso incidentes graves como la caída de un tripulante por la borda.

A pesar del visible costo operativo, el presidente Donald Trump ha minimizado los cuestionamientos en torno a la duración de estas misiones, argumentando que el despliegue del Lincoln apenas cubrió lo necesario. La apariencia física de los barcos de guerra ha sido históricamente un motivo de fricción para el mandatario; en el pasado, el exsecretario de la Marina, John Phelan, reconoció haber recibido llamadas directas desde la Casa Blanca exigiendo acelerar el mantenimiento en astilleros y erradicar el óxido de las naves insignia del poderío militar estadounidense.