La tragedia tras los sismos en Venezuela: Radiografía de una reconstrucción que desborda la ayuda humanitaria

A lo largo de más de dos décadas atendiendo catástrofes de gran escala en escenarios como Haití o Pakistán, la experimentada trabajadora humanitaria Susana Raffalli jamás había presenciado un panorama como el que dejaron los recientes terremotos en Venezuela. Tras los sismos que cobraron más de 6,500 vidas, la costa de La Guaira se convirtió en el epicentro de un fenómeno singular: la inversión de la vulnerabilidad tradicional y una respuesta comunitaria sin precedentes frente a la inacción estructural.
La paradoja del terreno y las pérdidas
Uno de los elementos más desconcertantes para los equipos de socorro ha sido el comportamiento del suelo ante las ondas sísmicas. Mientras que las edificaciones formales de clase media y sectores populares —construidas frente al mar sobre terrenos arenosos— colapsaron por completo, las precarias viviendas conocidas como ranchos, erigidas sobre la roca sólida de las laderas montañosas, lograron mantenerse en pie.
Esta dinámica geológica reconfiguró de inmediato el mapa de la necesidad. Personas que contaban con viviendas formales y empleos estables quedaron súbitamente en la calle y sin medios de subsistencia, transformándose en los nuevos damnificados prioritarios, mientras las comunidades tradicionalmente más deprimidas no sufrieron daños estructurales de la misma gravedad.
Solidaridad extrema frente a la orfandad institucional
La respuesta inmediata tras los derrumbes evidenció una fuerza comunitaria extraordinaria. Vecinos y familiares salieron con picos, palas e incluso con las manos desnudas para remover toneladas de concreto y rescatar tanto a parientes como a vecinos plenamente identificados, marcando una clara diferencia con la resignación vista en otros desastres globales.
Sin embargo, Raffalli subraya que este admirable despliegue vecinal refleja una verdad alarmante: la absoluta desconfianza de la población respecto a una respuesta rápida del Estado. Aunque el coraje ciudadano evitó un número mayor de víctimas mortales, la experta advierte que la recuperación a largo plazo no puede delegarse exclusivamente al heroísmo individual ni a los aportes solidarios espontáneos.
De la emergencia inmediata a la reactivación económica
Superada la fase crítica de rescate, el escenario actual plantea desafíos complejos. Miles de personas continúan viviendo en carpas y refugios provisionales instalados en escuelas, una condición insalubre que no puede extenderse de forma indefinida con el inminente inicio del ciclo educativo.
Para Raffalli, la entrega desordenada de donaciones debe dar paso a una planificación estratégica que trascienda la asistencia básica. La remoción masiva de escombros, el restablecimiento de acueductos, el tendido eléctrico y la rehabilitación de carreteras superan la capacidad logística y financiera de las organizaciones no gubernamentales.
La salida viable, según la especialista, radica en programas públicos de reactivación bajo esquemas de "dinero por trabajo" (cash for work). Esta estrategia permitiría a pescadores, agricultores y comerciantes locales percibir ingresos directos por labores de limpieza y reconstrucción comunitaria, restaurando la dignidad productiva y las cadenas económicas esenciales para levantar de las ruinas a las zonas afectadas.