La ciencia detrás del colapso: Las dos causas que provocaron la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre

El 11 de septiembre de 2001 quedó marcado en la historia mundial como el día en que dos aviones Boeing 767 impactaron directamente las Torres Gemelas en Nueva York. A pesar de su imponente ingeniería de 110 pisos, la torre sur colapsó tras resistir apenas 56 minutos en llamas, mientras que la torre norte se desplomó luego de arder durante 102 minutos. Durante décadas, especialistas y peritos en ingeniería civil han detallado minuciosamente las razones físicas y químicas que provocaron el desplome de estructuras diseñadas con robustez extrema.
La combinación letal: daño estructural e incendio sostenido
Investigaciones del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), lideradas por el ingeniero civil Eduardo Kausel, junto con los exhaustivos informes del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), coinciden en que no hubo un factor único aislado, sino una combinación simultánea y letal de dos fenómenos:
- El impacto físico masivo: La embestida de las aeronaves destrozó columnas maestras de acero y, crucialmente, desprendió la capa aislante contra fuego que recubría la estructura metálica interna.
- El incendio descontrolado: La combustión de aproximadamente 10,000 galones de combustible por avión generó temperaturas superiores a los 1,000 °C, alimentadas de forma continua por el oxígeno que entraba a través de los ventanales destruidos.
De acuerdo con los análisis de ingeniería, si solo se hubiera producido el impacto sin las llamas, o únicamente el incendio sin el trauma estructural, los edificios no habrían cedido. Fue la concurrencia de ambos factores lo que superó los márgenes de resistencia de las torres, que originalmente habían sido concebidas en los años 60 para tolerar el choque de un Boeing 707, un avión de menor peso y dimensiones.
La deformación del acero y el efecto dominó
El diseño de las torres descansaba sobre un núcleo central rígido de hormigón y acero interconectado mediante vigas horizontales con columnas perimetrales. Al desaparecer la protección ignífuga por la vibración del choque, el calor extremo no fundió el acero, pero sí lo debilitó gravemente hasta volverlo maleable y deformable.
En una primera fase, las vigas se dilataron por el calor empujando las columnas hacia afuera. Posteriormente, al perder su rigidez y arquearse bajo el inmenso peso, comenzaron a tirar violentamente de las columnas exteriores hacia adentro, provocando el fenómeno de pandeo. Cuando las uniones y pernos terminaron por ceder, los pisos superiores cayeron en bloque sobre los niveles inferiores, desatando una sobrecarga incontenible y un derrumbe progresivo que redujo ambos colosos a escombros en cuestión de segundos.