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Gaza frente a una catástrofe sanitaria invisible: superbacterias, plagas y miles de niños al borde del abismo

Publicadomié, 7 oct 2026, 12:45 p. m.
Gaza frente a una catástrofe sanitaria invisible: superbacterias, plagas y miles de niños al borde del abismo

En una sala de aislamiento del hospital Nasser, en el sur de Gaza, la pequeña Raseel, de apenas seis años, libra una batalla diaria que sobrepasa el entendimiento humano. Con una fractura severa en su pierna derecha, metralla incrustada en el cerebro y heridas que se niegan a cicatrizar, su cuerpo se ha convertido en el reflejo más crudo del deterioro sanitario del enclave. Las lesiones de Raseel no responden a los tratamientos disponibles debido a bacterias multirresistentes, lo que ha obligado a los cirujanos a reabrir y limpiar sus tejidos más de una veintena de veces sin lograr controlar la infección.

La amenaza letal de las superbacterias

El caso de Raseel no es un hecho aislado. Especialistas en el terreno, entre ellos el doctor Awni al-Jaafarawi, vinculado a Médicos Sin Fronteras, advierten sobre índices alarmantes de resistencia a los antimicrobianos (RAM). Un estudio preliminar de diez años, desarrollado con el respaldo de la Iniciativa Fleming del Imperial College de Londres y la Universidad Americana de Beirut a partir de casi 80,000 muestras en 11 centros asistenciales, confirma una resistencia bacteriana generalizada a los antibióticos de uso crucial en la Franja.

La destrucción deliberada o colateral de la infraestructura de agua y drenaje ha creado un ambiente propicio para que microorganismos letales muten y prosperen. Pacientes con cuadros clínicos que ordinariamente tendrían pronóstico favorable terminan desarrollando septicemia o enfrentando amputaciones irreversibles, una realidad que, según alertan los médicos, seguirá cobrando extremidades y vidas incluso después de que cesen las hostilidades activas.

Plagas y aguas contaminadas en los campamentos

El drama hospitalario se alimenta directamente de las condiciones insalubres que imperan en los campamentos de refugiados, como el de al-Mawasi. La falta de recolección de desechos, sumada a la destrucción de cerca del 90% del sistema hídrico y alcantarillado, ha generado un caldo de cultivo para alimañas. Datos de monitoreo humanitario revelan que roedores y comadrejas pululan en más del 80% de los asentamientos improvisados, atacando a los desplazados mientras duermen.

Casos como el de Basel al-Dahnoun, un hombre de sesenta años que sufrió la amputación de su pierna derecha tras ser mordido por comadrejas en su carpa, ilustran cómo la carencia de antisépticos convierte incidentes domésticos en tragedias permanentes. Paralelamente, familias completas sobreviven con menos del mínimo vital de agua potable. Ciudadanos como Salem Abu Nahla, desplazado junto a su familia, deben recorrer kilómetros con lesiones en la espalda solo para disputar un balde de agua que nunca es suficiente.

Una carrera contra el reloj para salvar a la infancia

El Ministerio de Salud local contabiliza más de 5,600 niños que aguardan autorización urgente para ser evacuados y recibir tratamiento de alta complejidad fuera de la Franja. Conseguir el traslado representa sortear una densa burocracia que exige el aval de seguridad israelí y la anuencia de un país receptor.

Para Raseel, la esperanza finalmente se abrió camino: tras semanas de gestiones respaldadas por la Organización Mundial de la Salud, la menor y su padre, Mahmoud al-Balawi, consiguieron salir hacia Egipto para ingresar en un centro asistencial en las proximidades de El Cairo. Sin embargo, para miles de niños que aún permanecen atrapados en medio de escombros, infecciones intrahospitalarias y plagas desbordadas, el tiempo se agota con cada hora que pasa.