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El trauma territorial de Colombia y el olvido de San Andrés: entre el centralismo y la pérdida del mar

Publicadoviernes, 4 de septiembre de 2026, 8:45 a. m.
El trauma territorial de Colombia y el olvido de San Andrés: entre el centralismo y la pérdida del mar

Apenas 110 kilómetros separan al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina de las costas nicaragüenses, mientras que más de 720 kilómetros de mar abierto lo distancian de la Colombia continental. Esta particularidad geográfica ha colocado históricamente a estas islas en el epicentro de disputas limítrofes, pero también bajo la sombra de un marcado centralismo estatal. Tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en 2012, que despojó a Colombia de casi 75,000 kilómetros cuadrados de mar territorial en favor de Nicaragua, la sensación de pérdida se convirtió en una herida abierta para los más de 80,000 habitantes insulares.

Las pérdidas y el duelo de un archipiélago

Para los isleños, el impacto de las decisiones geopolíticas tomadas desde los despachos en Bogotá ha sido devastador. Esa aflicción colectiva es analizada por la escritora y periodista sanandresana Cristina Bendek, autora de la novela Las pérdidas. En su obra, Bendek retrata el luto de una comunidad raizal que no solo vio reducido su territorio ancestral y sus zonas tradicionales de pesca, sino que además enfrenta la fragilidad material expuesta por fenómenos climáticos extremos, como el huracán de 2020 que destruyó más del 95% de la infraestructura en Providencia y Santa Catalina.

La autora sostiene que Colombia arrastra un trauma histórico no resuelto desde la pérdida de Panamá en 1903, una paranoia territorial que paradójicamente la empujó a una política de repliegue y aislacionismo en la cuenca del Caribe, un espacio donde el país sudamericano tendría las condiciones para fungir como motor cultural, económico y diplomático.

Un modelo económico extractivista

El distanciamiento político se traduce también en presiones económicas insostenibles. Actualmente, el archipiélago sobrevive atado a un modelo de turismo masivo que Bendek califica de extractivista. Esta actividad no solo desplaza a los pescadores artesanales y altera los ecosistemas protegidos como reserva de biosfera, sino que compromete la soberanía alimentaria de la población local, dejando la riqueza en manos foráneas y excluyendo al habitante tradicional de las cadenas productivas.

La desconexión con las periferias

El fenómeno que vive San Andrés no es un caso aislado dentro del mapa colombiano. El reclamo apunta a un patrón estructural en el que el Estado central suele homogeneizar las diferencias culturales, lingüísticas y raciales de sus fronteras. Al igual que ocurre en el Chocó y el Pacífico o en la profundidad de la Amazonía, las decisiones sobre los recursos y el territorio insular se definen lejos de la realidad de quienes habitan la orilla, dejando en entredicho el carácter pluralista y descentralizado de la nación.