viernes, 11 de septiembre de 2026
ZN.

LaZona.com.do

El polémico megaplan petrolero entre Washington y Caracas: claves del acuerdo que sacude la geopolítica energética

Publicadolunes, 31 de agosto de 2026, 3:00 a. m.
El polémico megaplan petrolero entre Washington y Caracas: claves del acuerdo que sacude la geopolítica energética

El reciente anuncio de un acuerdo bilateral en materia de hidrocarburos entre el presidente estadounidense Donald Trump y la gobernante interina venezolana Delcy Rodríguez ha desatado una tormenta política y económica en la región. Bautizado por la administración norteamericana como «el mayor acuerdo petrolero de la historia», el convenio otorga a Estados Unidos la operación mayoritaria de 17 yacimientos estratégicos que albergan unos 65.000 millones de barriles de crudo certificado, lo que representa cerca del 21,5% de las reservas probadas de Venezuela.

El proyecto contempla una inyección de capital superior a los 100.000 millones de dólares para reactivar la devastada infraestructura de Petróleos de Venezuela (PDVSA), sumida en su nivel de extracción más crítico tras décadas de desinversión, corrupción y el peso de las sanciones internacionales. De acuerdo con las proyecciones gubernamentales, el convenio a 25 años buscaría estabilizar una producción superior a 1,5 millones de barriles diarios y garantizar ingresos fiscales al Estado venezolano por unos 209.000 millones de dólares, a razón de aproximadamente 19 dólares por barril comercializado en un escenario de precios base de 65 dólares.

Intereses estratégicos y cálculo electoral en Washington

Para Estados Unidos, el pacto representa una jugada de alto impacto en el tablero internacional. Los yacimientos asignados equivalen a más del 140% de las reservas petroleras y de condensados actuales de la nación norteamericana. Desde la perspectiva de la Casa Blanca, asegurar este suministro hemisférico busca reducir los costos de los combustibles para el consumidor local, recomponer la reserva estratégica de crudo —que se encuentra en sus niveles más bajos desde 1983— y afianzar la influencia estadounidense en la región frente al avance de competidores globales como China y Rusia.

Asimismo, analistas señalan que la medida le permite al liderazgo estadounidense proyectar estabilidad y control sobre la inflación energética ante los votantes, blindando a la economía frente a las presiones del mercado petrolero internacional.

Un aluvión de críticas y dudas sobre la transición democrática

El acuerdo no ha estado exento de cuestionamientos contundentes provenientes de todos los sectores del espectro político y técnico venezolano. Desde la oposición y la academia, economistas como Ricardo Hausmann y Francisco Rodríguez han catalogado la negociación como lesiva para los intereses nacionales, criticando tanto los márgenes de regalías e impuestos pactados como la falta de aprobación y debate parlamentario. Por otro lado, figuras de la antigua guardia chavista han calificado el pacto como una capitulación de la soberanía energética.

El punto más sensible radica en las implicaciones institucionales. Diversos analistas internacionales advierten que forjar una alianza energética pragmática y de largo plazo con la administración de Delcy Rodríguez reduce los incentivos de Washington para exigir una transición democrática inmediata, postergando la celebración de elecciones libres y afianzando el statu quo en el poder hasta finales de la década. Con interrogantes abiertas sobre la fiscalización de los fondos resultantes y la legitimidad del proceso, el pacto abre un nuevo y complejo capítulo en el destino político y económico de Venezuela.