viernes, 11 de septiembre de 2026
ZN.

LaZona.com.do

Alejandro Betancourt: El polémico magnate venezolano detrás del megacuerdo petrolero de Washington

Publicadomiércoles, 2 de septiembre de 2026, 12:45 p. m.
Alejandro Betancourt: El polémico magnate venezolano detrás del megacuerdo petrolero de Washington

El sorpresivo anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre lo que catalogó como el "mayor acuerdo petrolero de la historia" con Venezuela no solo ha levantado polvareda por implicar la cesión y control de 17 yacimientos que albergan el 21,5% de las reservas probadas del país caribeño (unos 65.000 millones de barriles). La mayor perplejidad radica en el operador designado para la explotación: en lugar de gigantes corporativos tradicionales como ExxonMobil o ConocoPhillips, la tarea recayó en North American Blue Energy Partners (NABEP), una opaca entidad registrada en Barbados bajo el liderazgo del empresario venezolano Leopoldo Alejandro Betancourt López.

El acuerdo establece que la administración estadounidense retendrá el 35% del paquete accionario de NABEP. Sin embargo, la figura de Betancourt, cuya fortuna se calcula en torno a los US$2.600 millones a través de su fondo O'Hara Financial, despierta suspicacias inmediatas. Betancourt fue una de las figuras emblemáticas del grupo bautizado a inicios de la década pasada como los "bolichicos": jóvenes de clase media y alta que consolidaron inmensos patrimonios mediante millonarias contrataciones estatales durante la gestión del presidente Hugo Chávez.

Del colapso eléctrico al negocio petrolero

Formado en Economía en la Universidad de Suffolk en Boston, el gran salto financiero de Betancourt se gestó durante la crisis eléctrica venezolana de 2009. A través de la empresa Derwick Associates, fundada junto a allegados y parientes, consiguió sin licitación previa 12 contratos valorados en cerca de US$5.000 millones para la instalación y adecuación de plantas eléctricas. Auditorías e informes de organizaciones como Transparencia Venezuela denunciaron posteriormente sobreprecios de hasta un 138% y obras inconclusas, señaladas como corresponsables de los apagones estructurales que aún padece la nación petrolera.

Con ese músculo financiero, Betancourt diversificó sus operaciones: incursionó en la extracción petrolera en el Lago de Maracaibo mediante la sociedad mixta Petrozamora, adquirió la firma española de gafas Hawkers y extendió sus intereses a la banca en Suiza y África. Esta internacionalización vino acompañada de una densa estela judicial. Pese a que su defensa sostiene que sus ingresos provienen de su linaje y visión corporativa, autoridades judiciales en España, Suiza, Andorra y Reino Unido le abrieron expedientes por presunta legitimación de capitales. En 2025, el magnate llegó a ser detenido temporalmente en Londres y su castillo en Toledo fue allanado por la policía española por requerimiento de fiscales suizos.

El puente estratégico con la Casa Blanca

Frente a los cuestionamientos, la administración en Washington ha defendido la selección del operador. El secretario de Estado, Marco Rubio, justificó la alianza subrayando que Betancourt no enfrenta cargos formales dentro de los tribunales federales de Estados Unidos y posee probada capacidad operativa, con estimaciones que sitúan la producción de sus pozos en unos 180.000 barriles por día.

El giro decisivo en el perfil de Betancourt fue su progresivo distanciamiento del régimen de Nicolás Maduro y su acercamiento a los sectores de la oposición y círculos republicanos en Estados Unidos, entre ellos Rudy Giuliani y el exasesor de seguridad Mauricio Claver-Carone. Tras haber sido apartado del sector energético venezolano por el exministro Tareck El Aissami en 2022, Betancourt capitalizó sus conexiones políticas para convertirse en un enlace directo entre Washington y Caracas, al punto de haber fungido como mediador clave en los contactos de alto nivel con Delcy Rodríguez tras la captura de Maduro el pasado 3 de enero. Con esta jugada, el empresario consolida su regreso al tablero energético global como el socio predilecto de Estados Unidos en la nueva era del crudo venezolano.