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A casi 25 años del 11-S: la justicia sigue estancada y las familias temen morir sin ver una condena

Publicadomiércoles, 9 de septiembre de 2026, 2:45 p. m.
A casi 25 años del 11-S: la justicia sigue estancada y las familias temen morir sin ver una condena

A casi 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la mayor tragedia provocada en suelo estadounidense continúa sin un cierre judicial definitivo. Aunque el secuestro y colisión de cuatro aviones comerciales cobró la vida de casi 3.000 personas en Nueva York, Virginia y Pensilvania, el juicio de fondo contra el presunto cerebro de la conspiración, Khalid Sheikh Mohammed (KSM), y sus coacusados sigue sin arrancar formalmente en los tribunales militares de la Bahía de Guantánamo, en Cuba.

Para los familiares de las víctimas, la prolongada demora ha transformado la búsqueda de justicia en una carrera desesperada contra el tiempo. Parientes como Tom Resta, cuyo hermano John y su cuñada embarazada fallecieron en la Torre Norte, o Stephan Gerhardt, hermano del fallecido Ralph, han asistido a decenas de extenuantes audiencias preliminares. El mayor temor entre los deudos es que tanto los testigos como los propios imputados y los padres de las víctimas fallezcan por edad avanzada antes de escuchar un veredicto definitivo. Aunque recientemente se fijó una fecha tentativa de juicio para junio de 2028, los constantes retrasos mantienen el escepticismo en los pasillos judiciales.

El laberinto legal de la tortura

El principal obstáculo que ha congelado el proceso durante dos décadas radica en el uso de métodos de tortura por parte de agencias de inteligencia estadounidenses durante la denominada "guerra contra el terrorismo". Mohammed estuvo recluido en prisiones clandestinas antes de ser transferido a Guantánamo, donde fue sometido a ahogamiento simulado (waterboarding) y privaciones sistemáticas.

Recientemente, un juez militar descartó confesiones clave al determinar que fueron obtenidas bajo coacción extrema e ilegal, catalogando el trato como abusos físicos y psicológicos extraordinarios. Esta decisión dejó a la fiscalía sin lo que consideraba su evidencia más sólida, desatando una batalla técnica entre abogados defensores y fiscales para definir qué testimonios y pruebas secundarias (como intervenciones telefónicas) pueden ser admitidas.

Entre el juicio oral y los acuerdos de culpabilidad

El malestar entre las familias aumentó tras las idas y venidas de un polémico preacuerdo judicial negociado a inicios de este año, en el que los acusados admitían su culpabilidad a cambio de evitar la pena capital. Dicha salida fue frenada de último minuto bajo el argumento oficial de que privaría a la nación de un debate público y de la máxima sanción penal.

Familiares como Brett Eagleson, quien perdió a su padre Bruce en el World Trade Center, catalogan el manejo del caso en Guantánamo como un rotundo fracaso institucional. Mientras gran parte del mundo percibe los atentados de 2001 como un episodio del pasado histórico, para miles de deudos la herida permanece abierta y sin resolución frente a una justicia que, de tan dilatada, amenaza con desvanecerse por completo.